Educación de personas adultas

Desde 1911 se ha celebrado el Día Internacional de la Mujer Trabajadora: esta celebración, que es de carácter secular, comenzó como una reivindicación del derecho de la mujer al trabajo fuera del hogar, a no ser discriminada laboralmente, a la formación profesional a poder votar y a ocupar cargos públicos.

El año 1975 la ONU proclamó este día como Día Internación de la Mujer, para recoger así otros derechos que las mujeres necesitan que se nos reconozcan para alcanzar la igualdad plena dentro de la sociedad.

Las mujeres hoy seguimos sufriendo discriminación  en el mundo: diferencia de salarios, en el tiempo empleado en la crianza y tareas del hogar, alta porcentaje de morir en el parto (mujeres africanas), la violencia en el hogar…

El papa Francisco en su audiencia del 29 de abril de 2015 hablaba así de la igualdad:

“La semilla cristiana de la igualdad radical entre los cónyuges debe hoy llevar nuevos frutos. El testimonio de la dignidad social del matrimonio se hará persuasivo precisamente por este camino, el camino del testimonio que atrae, de la reciprocidad del hombre y complementariedad en el hombre.

Por esto como cristianos, debemos hacernos más exigentes al respecto. Por ejemplo: apoyar con decisión el derecho a la igual retribución por el igual trabajo. ¿Por qué se da por hecho que las mujeres deben ganar menos? No. ¡El mismo derecho! ¡La disparidad es un escándalo! Al mismo tiempo, reconocer como riqueza siempre válida la maternidad de la mujer y la paternidad de los hombres, a beneficio sobre todo de los niños. Igualmente la virtud de la hospitalidad de las familias cristianas reviste hoy una importancia crucial, especialmente en las situaciones de pobreza, de degradación, de violencia familiar”.

Y con estas palabras saludó a las mujeres el 8 de marzo de 2015.

“Y hoy, 8 de marzo, ¡un saludo a todas las mujeres! A todas las mujeres que cada día tratan de construir una sociedad más humana y acogedora. Y un gracias fraterno también a las que de mil maneras testimonian el Evangelio y trabajan en la Iglesia. Y ésta es para nosotros una ocasión para reafirmar la importancia de las mujeres y la necesidad de su presencia en la vida. Un mundo donde las mujeres son marginadas es un mundo estéril, porque las mujeres no sólo traen la vida sino que nos transmiten la capacidad de ver más allá –ven más allá de ellas–, nos transmiten la capacidad de entender el mundo con ojos distintos, de sentir las cosas con corazón más creativo, más paciente, más tierno. ¡Una oración y una bendición particular para todas las mujeres aquí presentes en la Plaza y para todas las mujeres! ¡Un saludo!”

Buen día para todas y para todos aquellos que luchan por la igualdad de las mujeres.

 

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